Carlos Garcia Orjuela

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Miércoles, 23 May 2018

Las democracias en América latina

Domingo 2 de febrero de 2003. Cartagena, Diario El Universal - Bucaramanga, Vanguardia Liberal - Ibague, El Nuevo Día.
 
Por Carlos García Orjuela

En la columna anterior decíamos que los presidentes elegidos en el Brasil, Ecuador y Venezuela poseen similares atributos. No militaron en partidos políticos tradicionales, tampoco desempeñaron cargo alguno en gobiernos anteriores y por el contrario los enfrentaron. Con un fallido golpe de Estado el Coronel Hugo Chávez intentó derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez y el Coronel Lucio Gutiérrez dirigió el golpe contra el presidente ecuatoriano. De oposición y crítica permanente fue la larga lucha del dirigente obrero Inacio "Lula" da Silva. Recordemos que el líder indígena y cocalero Evo Morales ganó la primera vuelta de las elecciones en Bolivia.

¿Por qué confía el pueblo en estos gobernantes? Candidatos que no manejaron asuntos de Estado, no ostentaron representación política alguna, ni obtuvieron el acostumbrado beneplácito norteamericano. En contra de esta tradición llegan al poder, generando una gran expectativa popular e internacional.

Todos estos países tienen un pasado reciente semejante. Realizaron los cambios propuestos por las autoridades económicas internacionales. Privatizando los servicios públicos y vendiendo varias empresas estatales redujeron el tamaño de la administración. Abrieron sus mercados agrícolas e industriales. Y aprobaron las más ambiciosas reformas financieras hasta suprimir el control cambiario. Ingresaron con parecidas condiciones a la OMC y son usuarios del FMI.

Al examinar los resultados de las anteriores decisiones, comprobamos un aumento en la tasa de desempleo, con un histórico 20% y el empobrecimiento de la clase media, reguladora de las luchas sociales; la propagación de la miseria en el sector rural y un mayor número de ciudadanos dedicados a la informalidad. Las mediciones económicas son aún más desalentadoras: caída del PIB a índices negativos, incremento hasta del 150% de la deuda pública, devaluaciones que superan los proyectos de la Banca Central, déficit presupuestario, baja inflación con recesión. ¿Qué pensarán ahora los Hommes y los Plinios que consagraron por años este modelo?

Como consecuencia del libre mercado y de la insuficiente intervención del Estado para resolver necesidades de amplios sectores de la población en seguridad social, trabajo, vivienda y educación, la población de América Latina ensaya una solución democrática eligiendo gobernantes de posición antagónica al modelo imperante, que no tengan responsabilidad en la toma y ejecución de las políticas pasadas y a quienes se les pueda creer que no cambiarán su discurso desde el poder.

Se necesita con urgencia un Estado más regulador, que impida los abusos del capitalismo y del libre mercado. Un Estado que facilite el conocimiento a todos los ciudadanos, que invierta en educación, ciencia y tecnología, que pague por la protección social sin mezquindad. El Presidente Bush, en la nación prototipo del capitalismo, acaba de dar el ejemplo, destinando 7 mil millones de dólares para pagar subsidios al desempleo y en su discurso ofreció mayores recursos para la educación oficial, subvencionar los seguros médicos de los ancianos y de los sectores de escasos ingresos y mantener los 300 mil millones de dólares de subsidios al sector agrícola.

Después del Referendo en Colombia los partidos políticos deberían abrir el debate antes de que las clases populares encuentren un Evo Morales o un Chávez a la colombiana.

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